Cementerios e iglesias

Calderón no tiene buena memoria, pero sí recuerda que alguien (no recuerda quién) le dijo una vez (no recuerda cuándo) algo interesante: Para conocer un lugar nuevo, nada mejor que ir a su Iglesia y su cementerio. Cuando recordó aquella sentencia, Calderón decidió empezar por la iglesia de Córdoba, que resultó tener algo de cementerio también.

La catedral de Córdoba es original por donde se la mire: por las campanas con sus nombres, por los dos intentos de construcción malogrados, por los jesuitas dejando su sello en las paredes  (visibles para quien quiera verlos, claro) y por los frescos barrocos de su techo en un edificio más bien renacentista.

Para no andar con preámbulos, el visitante ve al entrar los sarcófagos en los cuales yacen los restos de José María Paz y su esposa Margarita Weild, también se encuentra la urna que guarda los restos del deán Gregorio Funes, en las criptas yacen los restos del obispo Hernando de Trejo y Sanabria -primer rector de la primera universidad argentina:- y de Fray Mamerto Esquiú.

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